Cómo engañan las apuestas al cerebro: del código postal al refuerzo intermitente

Tras la propuesta del nuevo Gobierno de regular las casas de juego, analizamos cómo funciona la ludopatía a nivel psicológico y qué hay tras el crecimiento de esta industria

Desde que el pasado 13 de enero se hiciera efectiva la formación del nuevo Gobierno de España, el ministro de Consumo, Alberto Garzón, ha venido mostrando su interés en regular la publicidad de las casas de apuestas, tanto en televisión como en otros soportes. De esta forma, en las últimas semanas se ha abierto el debate sobre el crecimiento de la industria del juego en España y sus consecuencias sobre determinados sectores de población. En este contexto, hablamos con varios expertos para analizar cómo funciona la ludopatía a nivel psicológico y qué hay tras el crecimiento del sector de las apuestas.

Desde hace tres años, las apuestas entre los menores de edad pasaron del 13,6% al 22,7% en la modalidad presencial, y de 6,4% al 10,3% en la ‘on line’, según el estudio ‘Jóvenes, juegos de azar y apuestas’. Los menores son uno de los grupos sociales más afectados por el auge de los juegos de azar. De acuerdo con este mismo estudio, los barrios con menos recursos económicos son los otros grandes damnificados. Los datos lo dejan claro, pero ¿por qué resultan tan atractivas las apuestas para los jóvenes y las personas con problemas económicos?

El peligro del ‘refuerzo intermitente’

Para el profesional José Capote, Master en Psicología General Sanitaria por la Universidad de Granada, la peligrosidad de la adicción al juego respecto a otras dependencias reside en el refuerzo intermitente. Este tipo de refuerzo, «malicioso y perverso para la mente humana», tiene la particularidad de que no se da siempre que el comportamiento ocurre, «solo muy de vez en cuando y, siempre, de forma impredecible». De esta forma, el refuerzo intermitente está en la base de la adicción al juego porque «nunca sabemos cuándo llegará la recompensa», lo que produce una fuerte dependencia.

«Los jóvenes acaban con el cerebro enloquecido, salivando, extasiados y ensimismados por una recompensa que, en muy pocos casos, acaba llegando. La incertidumbre de la recompensa es la que nos hace adictos porque no creamos tolerancia ni a ganar ni a dejar de hacerlo. ¿Por qué apenas hay gente adicta a ‘La Quiniela’ o a ‘La Primitiva?’ Porque el premio nunca llega. Entonces la conducta acaba por extinguirse. Este refuerzo intermitente está en la base de otras adicciones como las relaciones tóxicas o la dependencia al teléfono móvil», afirma José Capote.

A nivel psicológico, otro de los aspectos que está en la base de la adicción es el componente biológico. Para Manuel Gálvez, médico y profesor de la Universidad de Granada, el control de impulsos es un proceso básico a la hora de enfrentarse a adicciones como la que produce el juego. «Este control se produce en la zona límbica del cerebro, la cual está menos desarrollada en algunas personas por motivos genéticos o, sobre todo, por edad. Es por ello que los menores son más propensos a la ludopatía», sentencia el médico.

La importancia del código postal

No obstante, la biología no es el único factor que influye en la adicción al juego. Para el doctor Gálvez, «el código postal influye incluso más que el código genético», ya que «el entorno es otra de las patas de una adicción». De acuerdo con el médico, esto explica por qué las casas de apuestas proliferan más en barrios humildes «cuyas necesidades hacen más atractiva la recompensa económica que, falsamente, ofrecen los juegos de azar».

En este sentido, Gálvez señala directamente a las firmas tras las casas de apuestas, a quienes define como «una industria miserable» llena de «aves de carroña» que «aprovechan la debilidad de los jóvenes en riesgo de exclusión para enriquecerse». Por ello, el médico insiste en «no culpar a las víctimas» y defiende la legislación por parte del Gobierno para «frenar el crecimiento de la adicción al juego entre los jóvenes».

A la hora de encontrar soluciones para el crecimiento de esta adicción, los expertos coinciden en «reducir la disponibilidad del producto» regulando la concesión de licencias, en «recortar la fuerte presencia publicitaria» y en «proponer alternativas de ocio saludables» desde las administraciones públicas.

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