El drama de la ludopatía en tiempos de pandemia

Distintas iniciativas tratan de frenar este mal agudizado a través de las nuevas tecnologías.

En el momento en que una persona llega a un centro de ayuda a causa de un problema de consumos, por lo general es una sustancia la que ha generado la adicción. Sin embargo, en el último tiempo son cada vez más los adictos al juego quienes acuden en busca de ayuda para tratar este mal, fortalecido con las restricciones de salida a causa de la pandemia de la Covid 19.

La ludopatía es un trastorno psicológico que afecta diversos aspectos de la vida personal del individuo, como el lado familiar, laboral, social y económico. Es así que se ve afectada su capacidad de autocontrol y le resulta difícil decir no a la oportunidad de jugar, por lo que es incapaz de reprimir el impulso o deseo de jugar. El problema del juego ahora está aumentando debido al juego en línea. Sitios de apuestas, casinos (y que incluye juegos de tragaperras online) están disponibles cada vez más fácilmente.

Según índices en España, esta característica no se limita a los casos en los que concurren diferentes sustancias, pues el 32 por ciento de las personas que demandan tratamiento en 2019 por consumos de drogas presentaron, al mismo tiempo, un problema con el juego (aunque esto solamente motivó el 4 por ciento de las consultas), ya sea porque presentan criterios clínicos de problemática con el juego o suman criterios más avanzados de juego patológico o ludopatía.

Los últimos estudios internacionales del tema señalan que el juego patológico es una adicción similar a las químicas, pues algunos jugadores patológicos demostraron tener menores niveles de norepinefrina (neurotransmisor) comparados a los jugadores normales. Asimismo, muestran alteraciones biológicas cerebrales que se relacionan con la serotonina y anomalías en el funcionamiento de la corteza prefrontal, las cuales afectan su capacidad para tomar decisiones.

Al comienzo de esta enfermedad, el ludópata tiene que padecer un impulso que no puede controlar y una aguda necesidad de jugar. Casi ningún jugador patológico reconoce que ha perdido el control. 

Como consecuencia, el ludópata entrará en la llamada “fase de desesperación”, en la que ocurren cambios drásticos en su conducta, tales como consumo de alcohol, deterioro grave de las relaciones, búsqueda desesperada o delictiva de dinero, y complicaciones legales, las cuales son el paso previo a intentos de suicidio consumados e inesperados.

Cabe señalar que se observa una primera “fase de ganancias”, en la cual el jugador consigue dinero o el premio de forma inesperada o buscada. Posteriormente le sigue la “fase de pérdidas”, durante la cual se insiste en la práctica del juego como intento de recuperación de lo que se perdió. Es así que se llega de forma gradual a la práctica del juego en soledad, acompañado de mentiras y pérdidas cuantiosas de dinero o bienes materiales.

Además, el jugador compulsivo por lo general se irrita con facilidad y expresa su agresividad de forma verbal o física. Asimismo, refleja mal humor y no controla sus impulsos. En tanto, ya que el perder o ganar se convierte en una preocupación para el ludópata, se produce en él una intranquilidad anímica, lo que afecta en gran medida al estado de ánimo, algo que desfavorece la concentración en cosas verdaderamente relevantes como el trabajo. Es común entonces que el paciente termine perdiendo su empleo a causa de su atención dirigida hacia el juego y el escaso control de sus impulsos.

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