Que el juego no se te escape de las manos

Las nuevas tecnologías han facilitado el acceso a todo tipo de portales de apuestas en el que hay un factor trampa: el anonimato
 

Artículo publicado en Lavozdegalicia.es

Un reciente estudio de la Universidad de Santiago concluye que el 23,5% de los adolescentes gallegos ha apostado alguna vez, a pesar de que está prohibido para los menores de 18 años. El juego por internet se ha triplicado en los últimos cuatro años y el mundo virtual concentra una de cada cuatro partidas. Estas dos informaciones ilustran el goteo de noticias que han puesto en alerta a las autoridades de la comunidad, que han anunciado la paralización de los salones de juego y las casas de apuestas de nueva creación.

La adicción al juego o la ludopatía no es un problema reciente, pero las nuevas tecnologías han facilitado el acceso a todo tipo de apuestas. Además, se ha introducido un factor sustancial: el anonimato. A todo ello hay que añadir la advertencia de los expertos de que los problemas con el juego se están manifestando a edades más tempranas.

La Xunta ha comenzado a impulsar la Ley do Xogo de Galicia. En la práctica, según explicó su vicepresidente, Alfonso Rueda, solo podrán prosperar las solicitudes que hoy están en tramitación, de manera que, al final de este proceso, no existirán más de 118 salones de juego y 41 casas de apuestas. Ahora bien, el hecho de que estos espacios físicos no proliferen no significa que el problema desaparezca, dado el crecimiento de la actividad en línea.

El juego debe ser una actividad placentera y lúdica. Nunca debe pasar de ahí, y mucho menos convertirse en una adicción. Aunque existen definiciones de todo tipo, la ludopatía se manifiesta cuando alguien siente la necesidad de seguir jugando contra su deseo de parar, o a pesar de las consecuencias negativas para él, tanto en el ámbito social como en el económico.

Quizá el aspecto más importante es que el propio afectado sea consciente de su problema. Se pueden encontrar tests que evalúan si existe dependencia a este hábito. Y, si no es consciente el mismo jugador, debe intervenir su entorno más inmediato. Cuando la voluntad individual no es suficiente para dejar atrás la adicción, se recomienda pedir ayuda a expertos o acudir a asociaciones.

¿Cuáles son los elementos que determinan una actividad responsable? Según explica la propia Dirección General de Ordenación del Juego, dependiente del Ministerio de Hacienda, se trata de «jugar para divertirse y entretenerse, no para ganar dinero; se debe mantener el control sobre el tiempo y el dinero que se quiere gastar, y la experiencia debe ser agradable, divertida y sin riesgo para sí mismo, la familia y los amigos». Conocer los síntomas es una buena manera de evitar futuros problemas o de que estos vayan a más.

Pero el control no solo es responsabilidad del jugador, sino que también compete a las empresas. Los casinos online ofrecen múltiples opciones de juego responsable. Algunas de ellas son la autoexclusión; los límites de pérdidas, de depósito o de duración, y las alertas de actividad.

En los casos más extremos, se pueden usar aplicaciones o webs que bloquean el acceso al juego en cada momento. No en todos los casos se cumplen estas recomendaciones, de manera que algunas webs ayudan al jugador y ofrecen una clasificación de los casinos teniendo en cuenta si estos ofrecen un entorno justo y seguro.

Hablar de juego responsable implica más límites en los que generalmente no se pone el acento. Uno es mantener la seguridad de los datos de los jugadores (tarjetas de crédito, edad…). Otro es la publicidad, que debe ser ética, dirigida solo a adultos y que no despierte falsas expectativas: en España existe el debate sobre si los personajes famosos deben protagonizar anuncios que promueven el juego.

Una última recomendación tiene que ver con los pagos: los reintegros a los jugadores deben realizarse de forma rápida y segura, y los casinos tienen que estar alejados de cualquier práctica de blanqueo de capital, aunque implique invertir ciertas sumas en comprobar el perfil de cada usuario y la procedencia de importes económicos que despierten sospechas.

El juego no puede convertirse en la esperanza a la que asirse para dejar el trabajo ni en un problema que desestabilice a una familia. Cualquiera que sea el formato escogido, apostar debe quedarse en un rato agradable sin mayores pretensiones.

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