Geni, adicto al juego de azar

Me llamo Geni, tengo 32 años y tengo problemas de ludopatía. Os voy a contar un poco sobre mi adicción, los principios y el presente.

Empecé a jugar cuando tenía 16 años, estaba en el instituto y por supuesto con la suerte del principiante. Contaba con unos amigos excelentes, pues cuando me veían jugar, me sacaban de la máquina o bien la apagaban. El resultado era poco efectivo porque, una vez fuera, me las apañaba para ir a jugar otra vez. No tenía problemas de dinero, mis padres gozaban de buena salud económica y además creían que eran cosa de la edad.

Jugué hasta los 19, unos 3 años, mi país (Albania) estaba atravesando una situación política preocupante y decidí irme a Italia. Dejé de jugar porque supongo que era costoso ganar dinero. Era muy duro, además era mi dinero y no el que le sacaba a mis padres, en resumen, me dolía perder mi dinero, ¡Que cosas!. De Italia me fui a Londres, tampoco jugué, incluso aquí tuve que sacar a un amigo del casino, estaba perdiendo mucho dinero y me llamó para que lo sacase de allí, no se quería ir, lo que quería era dinero para seguir jugando, no se lo dí pero sí se lo di más tarde para pagar el alquiler del piso, estando yo presente cuando lo pagó. Al cabo de unos día me dio las gracias por la ayuda prestada.

En Londres conozco a la que hoy es mi mujer, nos venimos para Galicia y al principio muy bien, pero los problemas de trabajo nos hizo mudarnos a Lanzarote, aquí empezaron todos los problemas. Un problema de cáncer de mi madre, hace que mi padre la lleve a Francia para un tratamiento, por lo cual, todos los ahorros son para paliar la enfermedad. Con esa excusa empiezo a jugar para ganar dinero y poder ayudarlos, en ningún momento, mis padres me pidieron nada, y sin dar cuentas cuando estaba soltero, menos las tenía que dar ahora de casado, si acaso, lo tendría que hacer con mi mujer.

Empezaron las mentiras, que si se estropeó el coche, que un amigo me había pedido dinero, etc, etc, etc… Otra cosa no, pero mentir se me daba muy bien, era muy imaginativo, pero las mentiras no aguantan mucho y las excusas se acabaron, aún así, aguanté un año.

Un día, mi mujer se da cuenta y me descubre, había movimientos raros en mi cuenta, tuve que contar todo, pero sin arreglar nada, siempre tenía excusas para seguir jugando y siempre le decía que no iba a jugar más, que podía dejar de jugar cuando quisiera y que no me suponía ningún problema, pero no era así.

Decidimos volver a Galicia, pensábamos que era la mejor decisión. Cambios hubo, pero no a mejor, si no todo lo contrario, la culpaba de todos mis males (porque me faltaba el juego), llegué a estar un par de meses sin jugar hasta encontrar los recursos para hacerlo. Recuerdo un día que me iba a mí país (el avión salía por la tarde), y por la mañana le digo a mí esposa que voy al banco a retirar dinero para llevar conmigo, eran las 10 de la mañana, al salir del banco, lo primero que veo es un salón recreativo, y como no podía ser de otra manera, entré a jugar. El teléfono no paraba de sonar, lo que daba a entender la preocupación de mi esposa. En alguna llamada que le cogía, le contestaba que no tardaría más de cinco minutos. Perdí la noción del tiempo, y lo que tardé fueron cinco horas en decirle a mi mujer donde estaba. Vino a buscarme con su padre, pasé muchísima vergüenza y no paraba de llorar, una vez más, le prometí que no volvería a jugar y gracias a ella, subí a ese avión.

De las promesas y de las lágrimas, me olvidé pronto. Creo que las lágrimas eran para que ella se sintiese mejor. Me daba cuenta que tenía otra virtud, la de chantajista, mi curriculum se engrandecía, y así otro año, que si que lo dejo, que si que no me crees, que voy a cambiar, etc, etc, etc… Llegamos a un punto que me dí cuenta que sin su ayuda nunca podría dejar de jugar.

Llamó al 11888 para que le informasen de algún centro de tratamiento, le dieron el teléfono de AGAJA. Nuestro primer contacto fue con Luis, nos explicó en qué consistía el tratamiento, que no podía andar con el dinero que yo quisiera, que no podía tener tarjeta, y que tenía que andar con 5 euros (si me los daban), pensé ¡Qué calvario!

Pero dije ¡Qué cojones! Yo si puedo.

Empecé con Tina en iniciación, una exjugadora estupenda, era mi monitora. En esta fase me ayudaron a conocerme a mí mismo, a ser más egoísta y pensar sobre todo en mí. Aprendí a romper lazos con el pasado, le conté a mis amigo quien soy de verdad y cual es mi enfermedad, la ludopatía, sin importarme lo que piensen. Ahora digo, GRACIAS TINA.

Pasé a la siguiente fase, Intermedia, un tío muy serio, no le gusta el barullo, vamos, que quiere orden. Tiene razón, a mí tanta amabilidad, no me lleva a ningún sitio, estoy empezando a respetarme (lo que pienso yo, también importa), modificando conductas, a saber a disfrutar en pareja (antes lo hacía poco), aprendiendo a escuchar, aprendiendo a vivir (antes lo hacía mal), en definitiva, a ser yo. GRACIAS LUIS.

Bueno, estos son algunos episodios de mi vida (estoy pensando en escribir un libro), una cosa tengo clara, lo más fácil de no jugar es cuando estás en terapia, lo más difícil es cuando estás fuera. Espero estar a la altura y luchar por mí.

Gracias a mí esposa por su apoyo (sin ella sería muy difícil), gracias a toda mi familia (padres, hermanos, suegros, etc.) y sobre todo a un tal Geni (ese soy yo).

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