Juan Lamas: «Muchos chavales en Galicia hacen apuestas deportivas y sus padres lo consienten»

El perfil del jugador de azar ha pasado de los 45 años a los 25, apunta el experto, que asegura que «se está normalizando la actividad sin advertir de las consecuencias que tiene»

Noticia publicada en LaVozDeGalicia.es:

Desde la aparición del juego online hay un incremento de usuarios constante que está reflejado en los informes de la Dirección General de Ordenación del Juego. Eso no quiere decir que tengan una edad determinada ni un problema patológico, sino que son usuarios que van aumentando gradualmente. En estos momentos hay un millón setecientas mil cuentas activas mensuales en los operadores de juego online. Durante el confinamiento hay una circunstancia extraña que analizamos en la Federación Española, que es el tema de que se cerraron los salones de apuestas, y eso se correspondió con que se suprimieron las competiciones, con lo cual las apuestas en la primera etapa del estado de alarma no existían, ni off line ni online. A partir de ahí hubo un aumento de usuarios, pero sobre todo un desplazamiento de las apuestas deportivas, que ocupan el 60 % del juego on line competencia del Estado y se redujeron casi a cero. En cambio, aumentó el póker, el black jack, el juego de casino, las slot… Con la desescalada volvieron a abrir las apuestas y los salones con los límites oportunos, y la gente se volvió a ubicar en el juego que practicaba. Te estoy hablando de usuarios de juego, no de personas con problemas.

-¿Y cuándo empezamos a hablar de personas con problemas?

-Cuando la persona pierde el control, como en todas las adicciones, con sustancia o sin sustancia. Cuando comprueba que tiene consecuencias negativas la reiteración de esa actividad o de su consumo, pero no es capaz de parar.

 

-No, no tiene nada que ver con el tiempo o con la cantidad que juegue, porque habría que ver las circunstancias de cada persona. Tiene que ver con la capacidad de control. Si es algo que yo realizo porque encuentro satisfacción o es algo de lo que ya tengo una dependencia, una necesidad de realizarlo, y no puedo parar aún sabiendo y comprobando que tiene consecuencias negativas. Es decir, que dejo de estudiar, de comprometerme con responsabilidades que pudiera tener, que empiezo a pedir créditos y que día a día, siendo conocedor de todas esas consecuencias, me propongo no volver a realizarlo pero sigo haciéndolo.

-Es numeroso entonces el perfil de jugador que controla su impulso.

-La última revisión que se hizo a nivel estatal del estudio de prevalencia es del 2017, y marca un 0,9 % de la población entre 18 y 75 años. Lo que sí cambió es el perfil del jugador medio, que si hace diez años estábamos hablando de un varón de 40 o 45 años jugador de máquinas tragaperras y que llevaba siete años jugando, en estos momentos seguimos hablando de un varón, pero de entre 28 y 35 años y jugador de apuestas deportivas y juego online. Pero cuantitativamente, no hay significativamente muchos más ludópatas. El problema es que aparece el trastorno a una edad más temprana. Lo que más nos encontramos en Galicia son jóvenes con apuestas deportivas o juego online.

 

-La última revisión que se hizo a nivel estatal del estudio de prevalencia es del 2017, y marca un 0,9 % de la población entre 18 y 75 años. Lo que sí cambió es el perfil del jugador medio, que si hace diez años estábamos hablando de un varón de 40 o 45 años jugador de máquinas tragaperras y que llevaba siete años jugando, en estos momentos seguimos hablando de un varón, pero de entre 28 y 35 años y jugador de apuestas deportivas y juego online. Pero cuantitativamente, no hay significativamente muchos más ludópatas. El problema es que aparece el trastorno a una edad más temprana. Lo que más nos encontramos en Galicia son jóvenes con apuestas deportivas o juego online.

-¿Cómo llegan a vosotros?

-Cuando llegan a nosotros, como ocurre desde hace ya más de 30 años, llegan presionados por la familia. Porque son chavales jóvenes que enseguida pegan el cante, por decirlo en términos coloquiales. No es lo mismo una persona que lleva 20 años trabajando, que juega a las tragaperras y que tiene un patrimonio, a un universitario que en cuanto se le acaban los ahorros y la paga mensual, tiene que pegar una voz de auxilio. Ahí los padres detectan que está pasando algo.

 

-Sí, el primer síntoma en el trastorno por juego claramente va a ser el aspecto económico. Hay unos cambios de personalidad, pero que se pueden esconder por factores biológicos, de carácter o de la propia estructura familiar. Pero lo primero que da el cante es lo económico.

 

-El despliegue a nivel publicitario, con deportistas que ellos admiran, «tipsters» y grupos de WhatsApp o de Telegram, es brutal.

 

-Sí, es una normalización que se está realizando de la actividad sin avisar de las consecuencias negativas que tiene. Hace 30 años nos ponían al vaquero montado en un caballo fumando Marlboro, y algunos empezamos a fumar porque queríamos como él. Pues si Cristiano Ronaldo está jugando al póker, lógicamente mi hijo de 18 años puede sentir la curiosidad de acercarse. Y después, en el propio desarrollo del juego hay unos componentes adictivos que están marcados y que son estrategias de márketing para enganchar a las personas.

-Unos padres que ven que su hijo empieza a apostar, lo lógico es que le digan que no se meta ahí, por mucho que exista el jugador no adicto.

-Lo más grave es que muchos niños juegan a apuestas deportivas y sus padres lo consienten. Hay una cosa curiosa en Galicia, una investigación de Antonio Rial, profesor de la facultad de Psicología de Santiago, sobre una muestra de catorce mil adolescentes de entre 14 y 17 años en la cual se comprueba que el 20 % de estos chavales reconocen abiertamente que practican un juego de azar sabiendo que está prohibido, porque no se puede jugar hasta los 18 años. Más de un 25 % de los padres de esos niños lo saben y son consentidores de esa situación.

-¿No será que no saben cómo atajarlo?

-Esto se ha normalizado. Aquí todos somos entrenadores de fútbol, sabemos todo de la selección… Igual que hace 30 años estaba normalizado el tema del alcohol o el del tabaco, en el caso del juego es lo mismo. Lógicamente si yo soy padre y practico el juego de una manera lúdica y sin ningún tipo de problemas, claramente estoy ejerciendo de modelo de mi hijo. Pero a lo mejor mi hijo no es capaz de mantener ese nivel de tolerancia. Sobre todo, con 14 o 17 años estamos hablando de personas que aún no tienen estrategias para afrontar determinadas circunstancias de la vida, no tienen desarrollada toda su capacidad volitiva. Y si encima me dan bonos de cien euros para que juegue gratis, que al final nunca es cierto, después me dicen que está Cristiano Ronaldo, me sacan todos los días quién gana la bonoloto, voy a ser una esponja con respecto a todos esos mensajes.

-¿Qué diferencias hay entre hombres y mujeres con respecto al juego?

-A nivel de pacientes estamos en estos momentos en los centros de Fejar con un 90 % de hombres y un 8 % de mujeres. Y a nivel de usuarios, por los informes de la Dirección General de la Ordenación del Juego no es tan escandaloso, pero hablaríamos de un sesenta y tantos por ciento de hombres y el treinta de mujeres.

-¿A qué achacas ese desfase?

-La publicidad va dirigida al varón. Además del machismo imperante en la sociedad, en la que la mujer tiene un papel de cuidadora, y tiene muchos más sentimientos de culpa al realizar algo que va a llevar a una destrucción, o a una serie de conflictos. Y una vez que lo reconoce, también tiene muchos más problemas a la hora de recibir apoyo. Nosotros cuando nos viene un hombre sabemos que tenemos a una hermana, a una pareja o a una madre detrás. Cuando nos viene una mujer algunas veces no tenemos a nadie detrás, aunque esté casada o forme parte de un núcleo familiar.

-¿Ellas a qué juegan?

-Mayoritariamente al bingo. Ellas inician normalmente más tarde el juego de azar, por lo menos a nivel de trastorno. Hay un componente del síndrome del nido vacío, de personas mayores que ya completaron su ciclo de cuidadora con hijos que ya están fuera, y que a las cuatro de la tarde se van al bingo a tomar café con unas amigas y se pasan toda la tarde. Y claramente, los hombres juegan a apuestas deportivas. Ahora hay un aumento que no es significativo, pero que existe, de la introducción de la mujer en las apuestas deportivas. Pero bueno, eso es más un poco por el sentimiento de grupo, porque ahora las pandillas van juntas a un salón de apuestas.

-¿Y os llegan muchos niños adictos a los videojuegos? Los que son en línea también entrañan otro tipo de peligros…

-Ese es otro tema, sí. Los videojuegos están a la puerta de que la Asociación de Psiquiatría los diagnostique como una adicción, y las familias vienen preocupadas por su uso compulsivo. En los que son en línea ya se mezcla todo. Mezclas redes sociales, el chat, el videojuego en sí, la propia casuística del juego… Yo tengo un estudio sobre el Fortnite que es una maravilla. Tenemos profesionales que trabajan este aspecto porque ahí aparecen muchas cosas, el síndrome del emperador, a veces una estructura familiar muy complicada… Pero no queremos tampoco demonizar una actividad, no se puede tratar a un chaval de 14 años diciendo que tiene un problema patológico porque no hacemos nada, le estamos poniendo una etiqueta y a lo mejor lo estamos fastidiando.

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